Más de 700 periodistas han muerto en los últimos diez años, según el informe de la Unesco de 2014. Irak, Pakistán, Somalia, México y sobre todo Siria, entre otros, son los principales puntos negros del mundo donde informar puede ser sinónimo de secuestro, encarcelamiento o directamente de muerte. De todos esos asesinatos, solo se ha perseguido judicialmente con éxito el 6,6%, es decir, se trata de una tasa de impunidad de más del 90%, lo que es un claro mensaje contra la profesión. Siria, otra vez, vivió el boom de los periodistas freelance en 2011 con el estallido de las protestas. Hoy se impone el apagón informativo en este país, víctima de las bombas de Assad y de la barbarie yihadista del Daesh. El asesinato televisado de los periodistas James Foley y Steven Sotloff puso de relieve los riesgos que persiguen a los periodistas independientes. Para alertar contra los peligros de un mundo cada vez más violento, la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) publica este martes un manual de seguridad para periodistas. Se trata de una guía con consejos prácticos para trabajar en todo tipo de contextos que puedan afectar a la integridad física y psíquica del periodista: desde la línea de fuego en áreas de guerra, hasta la cobertura sobre el terreno de epidemias y desastres naturales, manifestaciones con riesgo de violencia o probables secuelas derivadas de una misión periodística que obliga a enfrentarse a situaciones duras. RSF divulga este manual tanto para los que viven en entornos hostiles como dictaduras, zonas de guerra, o en terrenos extremos; para los que cubren acontecimientos como manifestaciones violentas, disturbios, atentados terroristas, accidentes químicos, desastres biológicos o nucleares, sin olvidar pandemias como la devastadora epidemia de virus de Ebola que azotó África Occidental en 2014. Como recuerda la guía, durante su cobertura, los periodistas de France Press en las áreas afectadas recibieron la consigna de permanecer alejados de los enfermos (mínimo a 6 metros) y de los muertos (al menos a 4 muertos cuando los cuerpos están en bolsas para cadáveres ya desinfectadas). Por último, la ONG también lanza algunas advertencias para aquellos que investiguen actividades de alto riesgo como seguir a grupos terroristas, mafias o que implique trabajar de incógnito. «Me hubiera gustado tener una guía como esta cuando empecé. Hay un mito detrás de que tiene que haber una cierta inconsciencia para irte a cubrir un conflicto o también una cierta virginidad para tener una mayor espontaneidad, pero esto puede tener un coste tremendo a tenor de lo que sucede en países como Siria», explica Alfonso Armada, veterano periodista y antiguo corresponsal en conflictos como el bosnio o el ruandés y que hoy es director de ABC Cultural. Para él, aunque durante su trayectoria como periodista en zonas de conflicto sobresalieran contiendas del nivel de la guerra interminable de la República Democrática del Congo, dice no recordar una brutalidad como la que se vive en los territorios controlados por Daesh. Allí, solo locales como los activistas de «Raqqa está siendo masacrada en silencio» pueden informar de las barbaridades sobre el terreno. «El miedo es imprescindible mientras no te paralice», subraya. Armada recuerda las dificultades para poder transmitir sus crónicas desde Bosnia como el principal impedimento de sus comienzos como periodista en zonas de conflicto. «Tenía que pedir ayuda a las agencias, persuadirles, además los ordenadores de aquella época eran bastante precarios. Ahora todo se puede publicar al instante, lo que tiene sus propias contrapartidas: el escrutinio de las bandas terroristas, de los criminales o simplemente de los lectores de la zona se produce igual de rápido lo que te puede provocar más problemas que antes». En este punto, «antes todos querían ser escuchados, como la población civil en en la Sarajevo sitiada, que estaba encantada con que un periodista los entrevistara. Ahora es diferente, grupos como Daesh rechazan a los periodistas», agrega. Solo un equipo de «Vice News» pudo empotrarse con los yihadistas, eso sí, admitiendo que solo pudo retransmitir en Raqqa, capital del autodenomiando califato, aquello que los propios terroristas le permitían. El reto de la seguridad digital es otro de los puntos calientes sobre los que advierte Reporteros Sin Fronteras. «Para un periodista o bloguero, el uso de internet, un teléfono inteligente o un teléfono por satélite en una zona de conflicto o bajo un régimen represivo supone correr significativos riesgos de seguridad. Los datos que emiten pueden ayudar a localizarte y te ponen en peligro; tus archivos y comunicaciones pueden ser interceptados y tus fuentes verse comprometidas», reza el manual. Acto seguido, recomienda borrar cualquier dato personal o comprometedor antes de sumirse en cualquier situación conflictiva. La guía dedica un capítulo a la seguridad de las reporteras que cubren situaciones de riesgo, ofreciendo consejos para evitar y protegerse ante una agresión sexual. De hecho, reseña los abusos sexuales que sufrieron muchas periodistas en Egipto durante las manifestaciones de oposición al régimen en la plaza Tahrir, y especialmente la violenta agresión a la reportera de guerra de la norteamericana «CBS», Lara Logan. Estos sucesos dieron cuenta de los riesgos de violencia sexual a la que las periodistas pueden estar expuestas, especialmente aquellas que cubren la actualidad sobre el terreno. Alicia Alamillos cubre actualmente el día a día de la capital egipcia como periodista freelance. Pertenece a una generación de periodistas distinta a la de Armada. Les separan más de 30 años. «No hay que olvidar que El Cairo no es una zona de guerra. En mi caso, que apenas llevo tres meses, llegué justo cuando, podría decirse, se había acabado la ebullición social que trajeron las protestas del 25 de enero en Tahrir. Aún así siempre es útil contar con una guía que te recuerde medidas de protección básicas -especialmente para mujeres- en un territorio llamémoslo “hostil” para las mujeres como es Oriente Medio», explica. Aunque tal como recuerda Armada, citando a Corinne Dufka -que cubrió como fotoperiodista antes de retirarse hasta 17 conflictos armados-, «ser mujer a veces te permite llegar a aquellas historias donde no llega el hombre, por cuestiones culturales con mujeres de comunidades profundamente religiosas o simplemente porque los hombres confiarían más en una mujer para contar según qué información». 54 periodistas secuestrados Un total de 54 periodistas, entre ellos una mujer, se encuentran secuestrados en la actualidad en todo el mundo, lo que representa un aumento del 35 por ciento con respecto a 2014, según el último Balance publicado este martes por Reporteros Sin Fronteras (RSF). Entre los periodistas secuestrados figuran tres españoles, Ángel Sastre, José Manuel López y Antonio Pampliega. Los reporteros fueron capturados en Siria el 13 de julio pasado y, según RSF, «se encontrarían en manos del Frente al Nusra», la filial de Al Qaida en Siria. Este país, según la organización, Siria «es el país con el mayor número de periodistas en manos de grupos diversos», con un total de 26, mientras que el grupo terrorista Estado Islámico es el que más reporteros tiene retenidos con 18, entre ellos el británico John Cantlie, quien ha realizado vídeos propagandísticos para la organización que lidera Abu Bakr al Bagdadi. Por otro lado, según RSF, China sigue siendo la «mayor prisión del mundo» para los periodistas, con 23 encarcelados, seguido de Egipto, donde actualmente hay 22 profesionales de los medios de comunicación entre rejas.


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